Comer es una necesidad, pero es una necesidad que estando sanos nos resulta agradable, mejor dicho, placentera. Por eso es muy difícil inculcar al que siente hambre o está acostumbrado a comer bien, la idea de que debe comer menos o abstenerse de tales o cuales alimentos para conservar la salud. Sin embargo, hoy día se puede tener buena salud y comer abundantemente, sise estudian los alimentos que convienen a .cada' organismo. Abstenerse o reducir ciertos alimentos no es ya difícil, pues la dietética moderna ha encontrado sustitutivos para todas las complexiones Y todos los casos.
Puede parecer ésta una pregunta baladí, pero en realidad no lo es. Comemos para alimentarnos. Ésa sería una respuesta racional, mas por desgracia, o comemos muchas veces por gusto, o tenemos que confesar que no sabemos alimentarnos adecuadamente. Si examinamos atentamente a los demás animales del mundo viviente, vemos que la naturaleza les proporciona una alimentación propia y adecuada a cada especie.
Los mismos vegetales no tienen todos la misma alimentación. Entre los animales y seres humanos es donde más se nota la diferenciación alimenticia. Veamos someramente cuál es el aparato digestivo del hombre y de ciertos
animales.
La dentadura es el primer instrumento para la función de la alimentación. Ahora bien, la dentadura del caballo, por ejemplo, que es herbívoro, consta de numerosos molares, de potente y triturante corona, a propósito para moler y triturar granos Y vegetales en general.
Por el contrario la dentadura del tigre, que es carnívoro, en vez de constar de mo1ares, posee afilados y puntiagudos incisivos, instrumentos adecuados, junto con sus garras, para desgarrar
carne.
Ahora bien, la dentadura del hombre, semejante a la del mono, es de tipo frugívoro, es decir, que nuestro alimento principal debe ser a base de frutos. Esto no significa que se ha de desterrar en absoluto el uso de la carne, pero sí que debemos tener en cuenta nuestra cons-titución orgánica para la alimentación.
El hombre, el ser más perfecto de la naturaleza, puede comer de todo; su dentadura Y su aparato digestivo son capaces de masticar y digerir los alimentos más variados. Sin embargo, la alimentación ha de responder a su naturaleza y a las condiciones sociales, para conservar la salud. El régimen alimenticio no puede ser unilateral como el de otros animales que nos rodean. Saber entremezclar las frutas, los vegetales y la carne en proporción adecuada, es básico para mantenerse en buena salud.
El hombre ha hecho de la preparaCIón de alimentos un verdadero arte que se llama arte culinario. De una necesidad ha creado un placer. La hora de la comida en famili?, es la hora de la expansión, de la alegría, de la gracia, del donaire, de las bromas y de la sana carcajada. Cuando queremos agasajar a nuestros semejantes, les convidamos a participar de nuestra mesa, costumbre tan antigua, que en las civilizaciones más primitivas ya se usaba recibir con grandes banquetes a los huéspedes.
Esto ha trocado la función de la alimentación, convirtiéndola en un verdadero deleite. Ahora bien, el deleite y el placer no tienen límites, puesto que cuanto más se usa de ellos más agradan y más los pide nuestra naturaleza insaciable.
Hoy día se puede decir que la humanidad culta ha adelantado bastante, Y conservando el atractivo y deleite por la comida, sabe, mejor que antaño, cuidarse y alimentarse más racionalmente.
La habilidad de una buena ama de casa es saber compaginar la atracción por la comida con el fin que ella debe cumplir con el organismo humano.
Los hombres, en la época actual, generalmente no viven para comer, aunque convierten este acto material de la vida en una de las horas más deliciosas de su existencia. y se puede decir que será agradable y deliciosa esta hora, si las que siguen no son pesadas, ni intran-quilas, debido a digestiones incómodas. Por eso es necesario que todos sepamos qué debemos comer.
En este bosquejo de Cultura Física no podemos ni debemos entrar en el detalle de regímenes alimenticios para todas las edades, para todas las circunstancias de la vida, ni para todas las profesiones en que el hombre se ocupa por su trabajo.
En todo caso la alimentación, para conservar la buena salud, debe ser completa. En general un hombre sano debe consumir siempre en su alimentación diaria los siguientes alimentos, en la proporción que corresponda a su edad, a su temperamento y a su trabajo:
La lista que antecede es lo que ordinariamente debe constituir nuestra ali-mentación. La cantidad de los alimentos depende de la edad, de la complexión, de la función natural que cumpla el individuo (por ejemplo, la mujer embarazada o la madre lactante) y de la clase de trabajo que ejecute. También ha de tenerse en cuenta la estatura, el peso y el metabolismo basal. En el Curso de Dietética encontrará el lector detalles y regímenes adecuados para todos estos casos.
CUÁNTO DEBEMOS COMER
Los demás seres vivientes dan al hombre una lección admirable. Los vegetales no absorben más que las sustancias precisas para su desarrollo y en el tiempo fijado por la naturaleza. Los ani males comen cuando fisiológicamente
sienten la sensación de hambre; pero cuanto más ascendemos en esa escala zoológica, hasta llegar al hombre, vemos que la ley natural queda anulada en muchos casos por el capricho.
El perro doméstico, mimado por sus amos, está siempre dispuesto a tomar el terrón de azúcar o la golosina que le ofrecemos; lo mismo ocurre con el caballo, que preferirá una zanahoria o un terrón de azúcar a la paja o cebada del establo. El mono no se harta de comer cacahuetes u otras chucherías que le agradan. Y el hombre, el último eslabón de la escala zoológica, si se dej a llevar de su placer y deleite por la comida, perderá muy pronto la salud.
Se puede determinar cuánto debemos comer teniendo también en cuenta las condiciones a que hemos hecho referen_ cia en el subtítulo anterior: "qué debemos comer". Pero, sobre todo, hay que tener muy presente que la mayoría de las enfermedades y de las muertes prematuras provienen de excesos, desarreglos o errores en la clase y cantidad de nuestros alimentos.
De hambre mueren pocas personas; en cambio, de indigestiones, intoxicacio_ nes, obesidad, ete., están llenos los sepulcros.