Los desequilibrios respiratorios, gástricos, hepáticos, y de otros muchos órganos, influyen decididamente en nuestra manera de pensar, de sentir y de reaccionar muchas veces el origen de una mala contestación, un desplante, un gesto airado, no hay que buscado en la antipatía personal, sino en la mala digestión, en el haber dormido mal, en la atmósfera que respiramos saturada de tabaco y de miasmas.
Se puede afirmar que respirar es vivir, ya que la vida depende en absoluto de esta función. La alimentación no es continua en el hombre: podemos pasarnos días enteros sin comer, y también sin beber, aunque por menos tiempo. Asimismo nos es posible acortar las horas dedicadas al descanso, pero nos es imposible vivir unos minutos sin respirar.
Por eso la respiración es una de las funciones más importantes del cuerpo. Ahora bien, si nuestra respiración es correcta, la vida prosigue su curso en nosotros sin aminoramientos; si, por el contrario no sabemos cumplir esta impor-tantísima función, poco a poco vamos acortando los minutos de nuestra existencia.
¿Se nos enseña a respirar? A primera vista pareceria que no fuera necesaria esta enseñanza, pues por instinto de propia conservación todo ser con órganos respiratorios tiende a respirar. Pero entre la respiración instintiva que el niño, como todo animal superior, efectúa y la que debe después realizar conscientemente, existe un abismo de diferencia.
Para vivir solamente se necesita respirar un mínimo; es decir, que es suficiente que entre cierta cantidad de aire puro en los pulmones para que se oxigene más o menos la sangre viciada que acude a los mismos.
Pero para desintoxicar todos los lóbulos pulmonares, y por ende toda la sangre del organismo, se requiere que entre el aire puro en cantidad suficiente hasta los últimos reductos y vértices pul
monares, con la frecuencia debida, ritmicamente, y se sepa también expeler de modo conveniente el aire viciado de nuestro organismo. Claro que en estado de reposo nuestra respiración es distinta que cuando dar. mimos, trabajamos o efectuamos ejercicios físicos.
La respiración durante el sueño es una función de nuestra vida vegetativa regularizada por el gran simpático, sin intervención de nuestra voluntad. Sin embargo, de que hayamos aprendido a respirar adecuadamente en estado de vigilia y cuando hacemos ejercicios físicos depende en gran parte que durante el sueño nuestra respiración sea correcta.
La función crea el órgano; esto que es un axioma en fisiología se aplica perfectamente a la función respiratoria. Respirando bien nuestros pulmones se tonifican, se agrandan, y nuestra caja torácica se ensancha; y, por tanto, cuan• do nuestra respiración deja de ser consciente para convertirse en inconsciente, como durante el sueño, si nuestros órganos respiratorios educados convenientemente tienen más capacidad, la respiración durante el sueño será más profunda, y, por consiguiente, más beneficiosa.
Tenemos, pues, que crear el órgano respiratorio durante el día y principal. mente durante los ejercicios físicos.
Si nos acostumbramos a andar conservando la línea de equilibrio y gravedad de nuestro cuerpo, a respirar profundamente y exhalar de lo más hondo de nuestros pulmones el aire viciado durante el día, tendremos mucho adelantado para que nuestro organismo se acostumbre a respirar por sí convenientemente.
¿SE DEBE RESPIRAR POR LA NARIZ?
La manera conveniente de inspirar es por la nariz. Bien es verdad que el aparato respiratorio del hombre está constituido de tal manera que puede respirar por la boca y por la nariz. Parecería innecesario insistir sobre la necesidad de respirar por la nariz...La inspiración y expiración se han de hacer por la nariz. En las respiraciones profundas puede expirarse por la boca, pero teniendo cuidado de no producir ruidos ni silbido alguno, ya que esto denotaría que el aire sale de nuestro organismo por un conducto estrecho, es decir, aprisionado.
Se puede asegurar que muchas de las enfermedades que el hombre contrae han tenido su camino expedito por la mala costumbre de respirar por la boca. Algunas de las enfermedades contagiosas podrían haberse evitado si la respiración de los enfermos hubiera sido nasal en vez de bucal.
El aire que entra en los pulmones, aunque creemos que es puro, por desgracia no lo es, y el único filtro y órgano depurador del aire que posee. mas son las fosas nasal es. En ellas se detienen las partículas extrañas más o menos visibles que flotan en el ambiente, así como también el polvo y muchos miasmas. Además, las fosas nasales sirven para regularizar la temperatura del aire del medio ambiente, evitando que el demasiado frío penetre directamente a los pulmones.
La boca no ofrece ninguna protección en nuestra función respiratoria, y en cambio las largas y sinuosas fosas nasales, tapizadas por una mucosa caliente y por vellosidades adecuadas, tienen por misión purificar y atemperar el aire que respiramos.
El saber respirar bien y constantemente por la nariz evita que en las fosas nasales se acumulen mucosidades. Por el contrario, la inacción de dichos órganos es origen de muchas enfermedades locales de la nariz.
Una práctica muy conveniente consiste en taponar de vez en cuando una fosa nasal con el índice o pulgar y respirar profundamente en el campo o delante de una ventana abierta, por la fosa nasal que queda libre, repitiendo después esta operación con la otra fosa nasal. Esta práctica realizada con constancia, hará desaparecer las dificultades y obstrucciones leves de la nariz.
Es conveniente que se tenga muy en cuenta lo que se lleva dicho respecto a la respiración nasal, pues sed de gran
aplicación para el logro del fruto adecuado en los ejercicios físicos. La mayo-ría de los atletas, de los nadadores o simplemente de las personas resisten-tes en una carrera o en un ejercicio físico algo violento, tienen que confesar que deben su carencia de fatiga o resis-tencia máxima al hecho de saber respirar.
No siempre respiramos de la misma manera. Si somos un poco observadores habremos visto que cuando duermen las personas respiran de modo distinto del habitual en su estado de vigilia. Durante el día, en medio de nuestras ocupaciones, en el trabajo sedentario o manual, nuestra respiración no es tan profunda ni tan rítmica como durante el sueño.
El hombre en estado de vigilia está absorbido por distintas ocupaciones, su sistema nervioso se halla solicitado por miles de atracciones, y entonces las funciones puramente vegetativas de su ser se cumplen, pero no a la perfección. Es durante el sueño cuando la respiración, la digestión, la irrigación total del orga-nismo se cumple adecuadamente, si no hay impedimentos exteriores para ello. No se quiere decir con eso que nues-tra digestión, circulación y respiración sean incompletas durante el estado de vigilia, pero sí se sostiene que durante el sueño todo el organismo puede entre-garse, sin solicitaciones extrañas, al perfecto y pleno cometido de sus funciones.
Esto ocurre también con la respiración. Durante el sueño especialmente hemos de procurar respirar en un ambiente sano.